lunes, 25 de mayo de 2015


EL PRIMER PASO

Señor Director
Diario La Nación

En la Argentina se ha llegado a un nivel de violencia tal, que nos tiene muy preocupados a todos los que vivimos en ella.
Hay consenso de lo difícil que es enfrentarla; son muchas las variables a tener en cuenta, a tal punto que no hay nadie que posea un  plan para erradicarla y que cuente con el visto bueno de la mayoría.
Desde el extremo opuesto, el respeto por el otro no genera dudas, todos sabemos en qué consiste, lo que significa en la vida de relación, gesto básico de reconocimiento hacia el otro;  es por ello que me pregunto si no sería un primer paso, claro, firme e inconfundible,  para poder enfrentar la violencia.
Sea en el tránsito, en la calle, en la escuela, de nosotros depende que logrando una mayor consideración y respeto entre todos, iniciemos el tan deseado y esperado camino de la reconciliación entre todos los argentinos.
Lo saluda muy atte.

Fernando J.I. Jijena Sánchez
Publicado en el diario La Nación  el día 26 de mayo de 2015

jueves, 15 de mayo de 2014


Enojarse es más fácil, pero...tiene su costo

Envidia, resentimiento, venganza, forman parte de la mente humana en su estado más primitivo; el subordinarse o sobreponerse a esos sentimientos hace a quien somos.
Comparten  por así decir, parte de los mecanismos de reacción con los que contamos en nuestra vida de relación social.
Son sentimientos que se despiertan frente a la adversidad, a las dificultades con quienes nos rodean, a lo que consideramos “injusto”, a lo que nos hace sentir “agraviados”, afectados en nuestra “dignidad”, y la lista es interminable.
Lo primero que nos viene a la mente en estas situaciones, no es por cierto el cuestionamiento de si obramos bien o mal, o si somos responsables o no de lo acaecido, sino que más rápido que un  rayo apuntamos al otro; casi instintivamente lo cargamos de culpas, broncas, deseos de que sufra un daño, al menos similar al que nos acaba de ocasionar, excepto que  por nuestra forma de vivir, o por nuestra educación o valores, nos permitan reflexionar logrando hacernos cargo de nuestros errores o de nuestra parte en el problema desistiendo de aquellas actitudes negativas.
Pero lo curioso, y lo vemos a diario, es que la envidia como el resentimiento, son parte de la vida de relación en una sociedad donde sentirse víctima resulta casi un privilegio o el papel que mejor se sabe representar.
Es que hay personas que se “enorgullecen” en sentirse víctimas de algo, lo cual las transforma, vaya la paradoja, en alguien “importante”, con derecho al rencor, pensando en algún tipo de “venganza” les traiga el sosiego que nunca llegará.
Esto puede ser, quitar el saludo, el insulto, la calumnia, denuncia, instancia judicial, la agresión al causante del mal, etc.
He aquí la trampa, es que donde se instala el rencor o la envidia, es como bien  lo representó un paciente: atascarse con un auto en el barro, cuanta más fuerza hace uno para salir más se hunde.
Es que el pasado no puede predominar sobre el futuro, porque sinó se vive con la mirada hacia atrás, atado a los hechos, rumiando muchas veces la venganza como falso elemento liberador.
El sentirse atrapado en este tipo de situaciones, hace que se vayan sumando “coincidentemente” y tentadoramente, más personas a quienes en ese afán justiciero, van formando la lista de los “castigados”.
Lo curioso es que inmersos en este tipo de conflictos, es muy difícil comprender porque nos pasa lo que nos pasa, sintiendo que alguien se nos cruza siempre en el camino impidiendo nuestro crecimiento personal.
Por último recordemos que el Cristianismo fundamenta su prédica en el examen de conciencia, así como en el perdón de las ofensas hacia quienes, a nuestro entender no obraron bien con nosotros, como uno de los caminos más trascendentales para nuestra realización como personas en primer lugar, y es el pilar fundamental para el desarrollo de una verdadera y responsable libertad.

Fernando Jijena Sánchez

domingo, 9 de febrero de 2014

Woody Allen


Sr. Director
Diario La Nación
Dr. Bartolomé Mitre


Hace unos días se publicó en el New York Times,  una dramática carta de denuncia de una violación por parte del cineasta Woody Allen  a su hija adoptiva de siete años.
Si coincide o no con el momento en que se discuten los candidatos a los Oscar en los Estados Unidos,  es prácticamente irrelevante.
Tampoco lo es que el hecho haya sucedido hace veinte años, y menos que la víctima era menor.
Frente a este tipo de delitos gravísimos, es más que frecuente y habla del daño ocasionado, que muchas mujeres demoren esa cantidad de años o más para hablar siquiera del tema.
De no haber sido por la fama de Woody Allen, difícilmente hubiera llegado a conocimiento de la opinión pública.
La ausencia de sentencia judicial, si bien tiene su trascendente valor, no niega ni afirma nada.
Pensar como dice su abogado, que fue una idea que le inculcó la madre de Dylan Farrow, por el tiempo transcurrido carece  totalmente de sustento.
En un conocido y reconocido  Centro Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, se está por inaugurar una muestra “Queremos tanto a Woody”, cuyos organizadores, no dudo  que sean ajenos a la situación creada.
Pero hoy por hoy, pese a la existencia de la duda, hacia la denunciante al menos,  no puede quedar en el simple reconocimiento de su trayectoria, como si lo sucedido fuera parte de una ficción.
No hay sentido común que acepte el que uno puede ser una persona reconocida por la sociedad y al mismo  tiempo un abusador sexual. Creo que lo último opaca lo primero.
Finalmente, si lo que prevalece es la duda, esta también tiene su lógica para un caso como este, que es la abstención de la apertura al público.
El resto es poner a prueba cuales son los valores con que nos manejamos como sociedad y que mensaje queremos darles a todas las víctimas silenciosas de este drama, así como la idea de infancia que tenemos.
Atte.
Fernando J.I. Jijena  Sánchez
Médico Psiquiatra

martes, 5 de marzo de 2013

Carta al Príncipe de Albanta

Don Agustín Elías Jijena Sánchez
Príncipe de Albanta
Mi Señor:
                 Nuevamente fui al Banco Galicia, sucursal Adrogué,  (Ud. en Barcelona) a fin de solicitar el libre deuda que me encargara.
Un poco reticentes, aclaro que fui sólo vistiendo ropa de calle, pero cuando hablé de España, de que era el padre del Príncipe de Albanta poeta, la conversación se fue distendiendo de a poco.
La empleada, con aspecto de poca lectura, se fue interesando cada vez más de su mundo y poniendo menos interés en su actividad específica, a tal punto que me hizo preguntas y más preguntas sobre su persona, sus actividades y en especial su mundo de poeta.
Ni tonto ni perezoso, la fui entusiasmando de a poco, a tal nivel que me manifestó que su vocación era la literatura y que en el banco se hablaba de cualquier cosa menos de ello.
Cosa curiosa, como yo llevaba conmigo uno de sus libros de poemas, se lo presté, y como tocada por una varita mágica comenzó a leer en voz alta y cada vez más alta.
Entre poema y poema, se me ocurrió, vaya ocurrencia, la idea de traer al banco el mundo de la poesía.
¿Y si con el resumen de cuenta se les hace llegar a los clientes un poema del Príncipe?
¿No sería mala idea, en vez de tanto cartelito anunciando créditos, la felicidad de tener un auto nuevo, anunciar que el Galicia era el nuevo banco de la Poesía?
Al principio se tentó de la risa, pero en ese momento se incorporó quien resultó ser la Gerenta, nada menos.
Al rato se puso ella misma a leer sus poesías
El público, que colmaba en ese momento el banco, comenzó a interiorizarse de tan original actividad.
De a poco se fue transformando en un recital, si mi Señor, un recital en un banco,¿ fantástico, no?
De repente recordé haber visto unos cuantos ejemplares, mas que cuantos unos muchos, que rápido fui a retirar de mi casa y llevé al banco.
Cuando volví todo era alegría, la gerente parada sobre una silla leyendo poesía, la gente feliz de la novedad, los afiches típicos del banco habían sido dados vuelta, y habían escrito leyendas, vaya uno a saber quien, que rezaban:
"VIVA EL PRÍNCIPE DE ALBANTA", "BANCO DE LA POESÍA", "MAS POESÍA Y MENOS MATERIALISMO", "BANCO DE GALICIA Y DEL PRINCIPE DE ALBANTA".
Ante semejante oportunidad, comencé a repartir libros suyos  a cuanta persona se me acercaba, todos agradecidos, nadie quería hacer ninguna actividad bancaria, es como si hubieran descubierto un mundo nuevo.
Cada vez que se terminaba de leer un poema los aplausos, que se podían escuchar desde la calle, hicieron que mas gente se incorporaba a lo que ya era un Festival de la Poesía.
Pero de repente, escucho una voz que dice: Jijena, Jijena.
Presuroso respondí al llamado y la empleada me manifestó un poco secamente: -En diez días a partir del cierre de la cuenta puede solicitar el libre deuda-.
En ese momento, fue como  que me hubieran cortado la inspiración, le dí las gracias y cuando giré la cabeza para seguir disfrutando del momento, todos se habían callado, hacían cola nuevamente, los carteles ya no estaban.
No lo podía creer, como la vez que fui con el Regimiento, recuerda y de repente no estaban más.
Sobre una mesa estaban todos sus libros, los mismos que había traído.
No sabía como hacer para llevar tantos al mismo tiempo, miré hacia mi alrededor si a alguien lo podría interesar, pero nada, miradas frías, indiferentes, viendo el papel que hacía con un enorme pila de libros que en cualquier momento terminaría en el piso.
Me volví en silencio, casi triste, todo había pasado. ¿Un sueño? ¿Una alucinación?
Caminando me volví a mi casa, iba pensativo hasta que de repente comprendí lo que me había sucedido.
Es que pensando en Ud. mi señor, en su mundo de poesía, tan opuesto al del lugar donde me encontraba, que cual epifanía, sentí que había descubierto yo , padre de poeta, el mundo de la poesía, que me había hecho vibrar de emoción y sentirlo en ese momento, más hijo, más poeta y más conocedor de la vida.
Su seguro servidor
Don Sancho (Fernando Jijena Sánchez)
Tierras de Adrogué



miércoles, 7 de noviembre de 2012

DECÁLOGO PARA LA SOLUCIÓN  DE  CONFLICTOS  ENTRE AMIGOS O FAMILIARES

1) Preguntarse siempre: ¿Qué nos pasó?  Algo cambió, algo olvidamos, en algo fallamos, etc.
2) No hacer acusaciones sino plantear lo que  no nos gusta, nos daña, nos hace mal, nos molesta…El por tu culpa… no lleva a nada.
3) Tratar de ponerse en el lugar del otro para tener una idea de su exigencia, demanda, protesta, reclamo, etc.
4) No hablar en cualquier lugar ni delante de cualquiera. El bar es el lugar más neutro para ambos y no hay interferencias. En lo posible en ausencia de terceros, salvo que sea obligado.
5) Se puede discutir, cuestionar,  pero nunca cortar el vínculo.
6) Aceptar que podemos estar confundidos o equivocados.
7) Si no se llega a nada DISIPAR. Tomar distancia, guardar silencio y tener paciencia, hasta la próxima oportunidad.
8) Lo que no se logra luego de tres planteos, es probable que requiera otro enfoque.
9) Siempre escuchar hasta que el otro dé por finalizado su discurso.
10) Recordar a San Pablo:

“Aunque yo hablara todas las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo amor, soy como una campana que resuena o un platillo que retiñe. 
Aunque tuviera el don de la profecía y conociera todos los misterios y toda la ciencia, aunque tuviera toda la fe, una fe capaz de trasladar montañas, si no tengo amor, no soy nada..
El amor es paciente, es servicial; el amor no es envidioso, no hace alarde, no se envanece, no procede con bajeza, no busca su propio interés, no se irrita, no tiene en cuenta el mal recibido, no se alegra de la injusticia, sino que se regocija con la verdad. 
El amor todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
Cuando llegue lo que es perfecto, cesará lo que es imperfecto.
Mientras yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño, pero cuando me hice hombre, dejé a un lado las cosas de niño.
En una palabra, ahora existen tres cosas: la fe, la esperanza y el amor, pero la más grande todas es el amor”.
Carta de San Pablo a los Corintios I,  13, 1-13

Fernando Jijena Sánchez

lunes, 27 de febrero de 2012



Resultado de imagen para jorge frasca¿ UNA ESTANCIA RURAL VIRTUAL?...


Lo curioso de las vivencias y recuerdos de la infancia, es que se van formando de  manera totalmente sencilla y natural. El niño que aún llevamos  adentro, no hace comparaciones ni preguntas, las cosas son como las ve o se las muestra.
Mi padre, fundador y primer director del Museo José Hernández de la Ciudad de Buenos Aires, cada tanto nos llevaba a visitarlo, en especial para los desfiles militares del 9 de julio, que lo veíamos con un gran privilegio, desde uno de los ventanales que dan sobre la avenida del Libertador.
Quizás allí descubrí el mundo gauchesco, porque había varias maquetas sobre pulperías, estancias, palenques, etc., al menos es lo que recuerdo, y mostraban ese mundo en pequeño.
José Hernández y su Martín Fierro entraron en mi vida, antes de saber leer.
Otro recuerdo que me viene una y otra vez es, el de Justo P. Saenz (h), autor de un libro: “Equitación gaucha, en la Pampa y Mesopotamia”, entre otros, que era muy amigo de mi padre, con un vozarrón muy característico, que le gustaba tocar la guitarra y cantar temas folclóricos.
Su aspecto de hombre de campo, forjó en mi la imagen de un gaucho, que me acompañó siempre.
Otra experiencia, dado que mi vida de campo ha sido mínima, fue cuando una familia amiga, los Boggio de San Isidro, nos llevaban a una estancia en Zelaya, donde había una entrada llena de casuarinas.
Siendo hijo de un estudioso del folclore americano, las bibliotecas tenían una gran cantidad de temas, donde lo campestre y gauchesco era relevante.
Así fue, fantaseando un poco y recordando otro tanto, como surgió en mi interior una curiosidad e identificación con lo gauchesco que se fue incrementando con el tiempo.
Hombre de ciudad y con espíritu campestre, cuando quería “viajar” al campo, me leía un capítulo de Don Segundo Sombra como viaje de ida y otro de vuelta, debiendo reconocer el privilegio de tener una de las primeras ediciones del año 1928.
En otra oportunidad, en el diario La Nación salió publicado un artículo escrito por Víctor H. Martínez, ex vicepresidente de la Nación, titulado “Elogio del gaucho”;
En dicho artículo, en homenaje a Juan José Güiraldes, refiere que su nieto llamado Bautista, que galopaba desde los cuatro años, tenía en su cuarto su “rincón gaucho”, donde aparte de su Martín Fierro, tenía su facón, mate, montura, etc.
Hice propia la idea y armé el mío. En mi escritorio, sobre una biblioteca puse un molino, réplica exacta de lo que hay en la realidad, un caballo de arcilla con su montura, escultura excelente que conseguí en una casa que vendía souvenires campestres, que con el tiempo le puse el nombre de “Fausto”. También hay una tranquera hecha por un maquetista de Llavallol, que tiene hasta un hornero en uno de sus postes y en la parte superior un cartel con el nombre de la estancia:”San Ignacio de Loyola”.
Del techo cuelga un farol a querosene , de fondo un cuadro de Jorge Frasca con un tema campestre.
Y así se fue constituyendo mi estancia, acompañada de la lectura de libros, pinturas, música y videos.
Teniendo mi casa de Adrogué, en el centro de manzana y rodeada de árboles y pájaros, con sentarme un rato con la vista puesta sobre mi entorno, vivo y disfruto de lo que un día me di cuenta que tenía, una estancia virtual.


Y terminé  llevando el gaucho en el alma...

Fernando Jijena Sánchez


domingo, 29 de enero de 2012


UN LUGAR EN EL MUNDO...


A mi hijo Alejandro Ismael
Todos buscamos tener un lugar en el mundo.
Donde nos sintamos bien, tranquilos, aquello que simplemente se llama lo mío, lo nuestro.
Para ello no siempre hay grandes caminos, sino, en general simples senderos.
Por allí comenzamos, por el mismo seguimos, y el día menos pensado decimos, “es esto”.
No es necesario ir muy lejos, en general está mucho más cerca de lo que uno imagina, hasta que nos damos cuenta que estaba, como dijera el poeta : “ahí nomás…”
De la dura realidad de la vida, ¿no salimos por ventura gracias a la fuerza de nuestros sueños?
En el Eclesiastés se lee (Antiguo Testamento): 3.1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
3.2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado…
Lo que no siempre sabemos es cuando llega precisamente ese día.
Buscar, pensar, dejarse llevar, y una vez que lo encontramos, poner todo nuestro empeño en realizar aquello que sentimos, llámese vocación, realización personal, modo de vivir.
Permitir que perdure en el tiempo, es tal vez el secreto.
En algún momento sentiremos lo que somos, los demás nos verán de esa manera, y nos recordarán como lo que hemos sido, sencillos, alegres y pacientes.
¡Ojalá que en el próximo puerto, encuentres tu destino!
Tu papá